

DOMINGO 15 DE MARZO DE 2009
TEMA:
JESÚS VIENE A PURIFICAR NUESTRA VIDA
| Lecturas bíblicas: |
Salmo 19:7-14
Éxodo 20:1-17
1 Corintios 1:22-25 |
| Texto: |
Juan 2:13-22 |
INTRODUCCIÓN
Después de la fiesta de boda de Caná de Galilea, Jesús y sus familiares y amigos hicieron una corta visita a Capernaúm, que estaba como a unos treinta kilómetros, en la orilla septentrional del Mar de Galilea. Poco después, Jesús se puso en camino para celebrar la fiesta de la Pascua en Jerusalén. La Pascua era el 15 de Nisán. Según la ley, todos los varones que vivieran a menos de veinticinco kilómetros de Jerusalén estaban obligados a asistir.
I. EL MENSAJE DEL TEXTO BÍBLICO
Vs. 13-16. Leyendo el texto bíblico, ahora veamos qué fue lo que le movió a Jesús a aquella manifestación de indignación al rojo vivo en los atrios del templo.
La Pascua era la más importante de todas las fiestas judías. La ley establecía que todos los varones judíos adultos que vivieran a no más de veinticinco kilómetros de Jerusalén estaban obligados a asistir. Pero no eran sólo los judíos de Palestina los que venían para la Pascua; en aquel tiempo los judíos vivían en otros países, y no olvidaban su fe ancestral y su madre patria, por eso que venían a Jerusalén aunque sea una vez en la vida.
Había un impuesto del Templo que tenían que pagar todos los judíos de diecinueve años para arriba, dicho impuesto era de medio ciclo que equivalía al salario de dos días. En Palestina se usaban muchos tipos de moneda: las de plata de Roma; Grecia, Egipto, Tiro y Sidón y de la misma Palestina, todas estaban en circulación y eran válidas. Pero el tributo del templo se tenía que pagar en siclos galileos o en los del santuario, que eran las únicas monedas judías; las demás eran paganas y, por tanto, inmundas. Valían para pagar las otras deudas, pero no la que se tenía con Dios.
Los peregrinos llegaban de todas las partes del mundo con toda clase de monedas; así es que, en los atrios del templo se colocaban los cambistas quienes cobraban una moneda más es decir, una sexta parte más, y otra moneda más por cada medio siclo que tuvieran que devolver al cambiar monedas mayores. Si, por ejemplo, venía alguien con una moneda que equivaliera a dos siclos, tenía que pagar una moneda para que se la cambiaran, y otras tres para que le devolvieran el cambio de tres medios siclos. En otras palabras: que los cambistas le sacaban el sueldo de un día por la operación.
Lo que exasperaba a Jesús era que los cambistas abusaran de los modestos peregrinos de la Pascua con comisiones exorbitantes. Era una injusticia social flagrante y desvergonzada y, lo que es peor, se perpetraba en nombre de Dios.
Además de los cambistas estaban los que vendían becerros, corderos y palomas. En esto había un abuso descarado a los pobres y humildes peregrinos a los que se les obligaba comprar si querían hacer un sacrificio. Lo peor era que se perpetraba en nombre de Dios.
Estas eran las cosas que despertaban la indignación de Jesús. Precisamente porque amaba a Dios, Jesús amaba a los hijos de Dios, y le era imposible permanecer impasible contemplando cómo se abusaba de aquella manera de los adoradores de Jerusalén.
Jesús tenía bastantes razones para hacer lo que hizo.
Actuó así porque se estaban profanando la casa de Dios, porque se hacía un culto sin reverencia. En aquel atrio de la casa de Dios de Jerusalén se regatearían los precios, se discutirían las monedas viejas o desgastadas... En fin, que habría ruidos y gestos y discusiones más propios de un mercado. Puede que esa forma de irreverencia no sea corriente ahora; pero hay otras formas de ofrecerle a Dios un culto irreverente.
Jesús hizo lo que hizo para mostrar que toda esa parafernalia de sacrificios animales era totalmente impertinente. Hacía siglos que venían diciéndolo los profetas. “¿Para qué me sirve, dice el Señor, la multitud de vuestros sacrificios? ¡Estoy harto de holocaustos de carneros y de sebo de animales cebados; no Me gusta la sangre de los toros, de las ovejas o de los chivos... No me traigáis más ofrendas vanas” (Isaías 1:11-17).
Había todavía otra razón para que Jesús actuara de aquella manera. Marcos añade un curioso detalle que no se encuentra en los otros evangelios: « Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones» (Marcos 11:17), siguiendo con la cita de Isaías 56:7. El templo constaba de una serie de atrios que conducían al templo propiamente dicho y al Lugar Santísimo.
La primera parte era el Atrio de los Gentiles; luego venía el Atrio de las Mujeres; después, el de los Israelitas; por último, el de los Sacerdotes. Toda esa compraventa se hacía en el Atrio de los Gentiles que era el único al que podían acceder los que no fueran israelitas.
A partir de aquel lugar les estaba prohibida la entrada. Así que si había algún gentil cuyo corazón Dios hubiera tocado, podía llegar al Atrio de los Gentiles para meditar y orar y buscar a Dios. El Atrio de los Gentiles era el único lugar, de oración que conocía.
Las autoridades del templo y los comerciantes judíos estaban convirtiendo el Atrio de los Gentiles en un lugar de confusión y jaleo en el que era prácticamente imposible orar. Los mugidos de los becerros, los balidos de las ovejas, el zureo y el revoloteo de las palomas, los gritos de los vendedores, el tintineo de las monedas, los pregones y los regateos... todo eso combinado convertía el Atrio de los Gentiles en un lugar donde no se podía dar culto a Dios.
El jaleo del atrio exterior del templo les cerraba el acceso a la presencia de Dios a los gentiles que Le buscaran. Tal vez era eso lo que más angustiaba a Jesús, y puede que por eso Marcos nos conservara la frase que nos lo indica.
A Jesús se le conmovían las entrañas porque en la Casa de Oración se le cerraba el acceso a la presencia de Su Padre a los que les buscaban sinceramente.
II. DESAFÍOS PASTORALES
Hoy, no es extraño ver en nuestras iglesias la hipocresía, exclusividad, frialdad, falta de hospitalidad, tendencia a hacer de la congregación un club cerrado, arrogancia, palabrerías que excluye al sincero buscador. Especialmente cuando llega el tiempo de las Asambleas, ya sean locales, distritales y nacionales, ya no parece iglesia, porque se organizan grupículos para asaltar el poder al mejor estilo de los sindicatos, de los partidos políticos; para esto, muchos se prestan en este juego tan sucio, líderes valiéndose de su antigüedad, pastores si escrúpulo que dejando de lado el ministerio, funcionarios de las instituciones valiéndose del dinero de tales instituciones hacen campañas y corrompen a los feligreses.
El Señor Jesús, de ninguna manera estará de acuerdo con esta práctica, porque se ha profanado su iglesia, falsamente se ora para las elecciones; sin embargo, faltando meses ya anduvieron en campaña, los días antes de las Asamblea hacen reuniones haciendo amarres para elegir autoridades nacionales y para elegir hipócritamente oran al Señor y luego se dice que es la voluntad de Dios.
Hermanos y hermanas, en este tiempo de Cuaresma, entremos a reflexionar sobre nuestra actitud; y volvamos a Dios. Recordemos la indignación de Jesús contra los que les hacían difícil, o imposible, a los buscadores extranjeros el establecer contacto con Dios.
Dejemos que el Señor Jesucristo nos limpie nuestros corazones, de toda hipocresía, de la frialdad, de la vanidad, y que nos fortalezca nuestro con su espíritu. Dejémonos guiar y purificar nuestra vida.
CONCLUSIÓN
Nuestro Señor conocía a todos los hombres, su naturaleza, sus disposiciones, sus afectos y sus intenciones, de una manera que nosotros no conocemos a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
Conoce a sus astutos enemigos, y todos sus proyectos secretos; a sus amigos falsos y su verdadero carácter. Él sabe quiénes son verdaderamente suyos, conoce su rectitud, y conoce sus debilidades. Sabemos lo que los hombres hacen; Cristo sabe lo que hay en ellos, Él prueba el corazón. Cuidado con una fe muerta o una profesión de fe formal: No hay que confiar en los profesantes carnales y vacíos, y aunque los hombres se impongan a otros o a sí mismos, no pueden imponerse al Dios que escudriñan el corazón.
G. Ch. Y.
La Paz – Bolivia, 2008