

DOMINGO 22 DE MARZO DE 2009
TEMA:
DIOS MANDÓ A SU HIJO AL MUNDO
PARA QUE EL MUNDO SE SALVE POR ÉL
| Lecturas bíblicas: |
Salmo 27:1-9 (10-18)
Números 21:4-9
Efesios 2:4-10 |
| Texto: |
Juan 3:14-21 |
HECHOS DE LA VIDA COTIDIANA
En mi trabajo pastoral, me tocó acompañar a una familia que atravesaba momentos difíciles como consecuencia de un accidente. El hermano protestaba contra Dios por el mal momento que estaban pasando. Habían sido miembros de la iglesia por bastante tiempo, pero, por alguna situación, se habían alejado del camino que Dios les había mostrado.
Fue duro para esta familia enfrentar esta situación, había que gastar mucho dinero en la recuperación de la salud. Lo que abrió para una esperanza fue que este hermano reflexionó y dijo: “Que Dios me perdone, porque fui yo quien no le obedecí y me aparté de su camino, con tanto amor él vino a morir en la cruz del calvario por mis pecados y yo le di la espalda”.
Sobre la base de este reconocimiento y confesión, me pidió que cantásemos el himno número 40 de CALA. “Khuyapt’ayasitay Cristo”, al terminar este cántico, la familia decidió volver a Dios y caminar por las huellas de Cristo.
I. EL MENSAJE DEL TEXTO BÍBLICO
Según el texto, Juan recuerda una extraña historia del Antiguo Testamento en Números 21:4-9. Los israelitas cansados por la caminata en el desierto, murmuraron, se quejaron y se lamentaron de haber salido de Egipto. Para reprenderlos, Dios envió una plaga mortal de serpientes venenosas; el pueblo se arrepintió y pidió misericordia. Dios le dijo a Moisés que hiciera la imagen de una serpiente y la pusiera en alto en medio del campamento, y los que miraran a la serpiente se curarían.
Los maestros lo explicaban diciendo: “No era la serpiente de bronce lo que daba la vida. Cuando Moisés la puso en alto, los moribundos pusieron su confianza en el que le había mandado a Moisés que lo hiciera. Era Dios mismo el que los sanaba.” El poder de sanidad no estaba exactamente en la serpiente; porque, no era más que un objeto que les hacía volver el pensamiento hacia Dios y se sanaban.
Esta es una acción profética, pues está en este acto la buena noticia (el evangelio) para este pueblo pecador, porque Dios quiere sanar el pecado por el mismo instrumento del pecado. En esta, no existe una exigencia rigurosa, sino que es mirar con fe, y al mirar a lo alto del mástil donde estaba la serpiente, estaban mirando a Dios. Quien ponía su confianza en el mensaje de Moisés, se curaba.
Vs. 16. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Para todo corazón humilde, aquí está la quintaesencia del Evangelio. Este versículo contiene varias y grandes verdades.
- La iniciativa de la salvación viene de Dios
- De ese Dios brota el manantial de vida y por amor.
- No sólo ama a una nación, no sólo a los justos, sino su amor se extiende para todo el mundo entero.
Por lo tanto, todos/as estamos incluidos en el amor universal de Dios.
Vs. 17-21. Según este evangelio, Dios envió a Jesús por amor. Jesús vino a sanarnos, como a los hijos de Israel, picados por serpientes ardientes fueron curados con el solo acto de volver la mirada hacia Dios. Le envió para nuestra salvación, pero lo que se hizo por amor ha resultado para condenación. No es Dios el que condena; Dios solamente ama; es cada uno el que se condena a sí mismo.
La incredulidad es el pecado contra la sanidad, porque surge de la enemistad del corazón del hombre hacia Dios. Las obras pecadoras son las obras de las tinieblas. El mundo impío se mantiene tan lejos de esta luz como puede, por eso que Cristo es odiado porque aman el pecado.
Sin embargo:
- Los corazones renovados dan la bienvenida a la luz.
- Un hombre bueno actúa verdadera y sinceramente en todo lo que hace.
- Desea saber cuál es la voluntad de Dios, y hacerla, aunque sea contra su propio interés mundanal.
- Ha tenido lugar un cambio en todo su carácter y conducta.
- El amor a Dios es derramado en su corazón por el Espíritu Santo, y llega a ser el principio rector de sus acciones.
II. DESAFÍOS PASTORALES
“… Así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” Así es como era necesario que Jesús fuera levantado: para que, cuando los que estamos heridos por el pecado volvamos a él nuestro pensamiento y creamos en él para encontrar la vida eterna.
Por su reacción ante Jesucristo, una persona se revela y su alma queda al descubierto. Si le recibe con amor y con anhelo de mejorar, hay esperanza; pero si no acepta a Jesús como su Señor y salvador, se condena a sí misma. El que le fue enviado por amor se le ha convertido en un juicio.
Por tanto hermanos/as, reconozcamos nuestra condición de pecador y volvamos a Jesucristo para ser curados de nuestros pecados. Busquemos ser iluminado con su luz para que nuestra vida refleje su amor.
Dios, a través de su Hijo Jesucristo quiere reconciliarnos consigo mismo, y de ese modo, todo esto se muestra la dicha del creyente verdadero; el que cree en Cristo no es condenado. Aunque ha sido un gran pecador, no se le trata según lo que merecen sus pecados.
Creer en el Señor Jesucristo y andar en su luz, es encontrar la salvación.
© G. Ch. Y.
La Paz – Bolivia, 2008